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"Solidaridad"
El final de la "propaganda del éxito", como se solía denominar el periodo de Gierek, tuvo lugar en 1980. Una nueva subida de precios provoca una nueva y fuerte oleada de huelgas que afectan a todo el país, en Gdansk los obreros crean un Comité de Huelga
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Un cartel de la Solidaridad de los años '80 |
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 | Interempresarial. Esta vez el POUP no se decide a utilizar la fuerza, las negociaciones terminan con la firma de los llamados acuerdos de agosto (31 de agosto de 1980) y con la creación de una organización sindical independiente: NSZZ Solidarnosc, encabezada por un obrero de Gdansk: Lech Walesa. Edward Gierek es obligado a dimitir. Su lugar es ocupado primero por Stanislaw Kania y luego, a partir del octubre de 1981, por el general Wojciech Jaruzelski. Los acontecimientos ocurridos en el seno de la Iglesia Católica han influido en la atmósfera de cambio, de libertad y de pérdida de miedo por parte de las representaciones de los trabajadores. En 1978 el Cardenal de Cracovia, Karol Wojtyla, fue elegido Papa y en 1979 realizó su viaje-peregrinación a Polonia como Juan Pablo II. Millones de personas que participaron en los encuentros con el Papa experimentaron no sólo la renovación religiosa, sino que también reforzaron su conciencia ciudadana. Se dieron cuenta de que eran una fuerza social. "Solidaridad" se convirtió rápidamente en un amplio movimiento social que aglutinó a más de nueve millones de miembros, entre ellos un considerable porcentaje de afiliados al mismo partido comunista que por aquel entonces ejercía el poder. Por lo tanto era algo totalmente inusual en todo el bloque soviético y, en el fondo, incompatible con el sistema político reinante hasta entonces. A pesar de que no tenía ningún objetivo político revolucionario y sólo declaraba "la necesidad de la racionalización del sistema comunista", gozaba de un amplio apoyo de los entornos políticos y sindicales en el Occidente, y al mismo tiempo era una fuente de inspiración para otros entornos independientes existentes en el bloque comunista. La concesión, en 1980, del Premio Nobel de literatura a un poeta polaco exiliado, Czeslaw Milosz, también tuvo un valor simbólico para el movimiento de "Solidaridad".
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