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Inicios del Estado
A mediados del siglo X, la dinastía Piast, reinante entre los polanos, estableció vínculos con el mundo cristiano. Aunque este tipo de contactos existía con anterioridad (los vislanos), nadie hasta el príncipe pagano Mieszko (Micislao) había decidido convertir esta religión en un instrumento para elevar el prestigio del país y del gobernante. En las relaciones internas, una religión común a todas las tribus subordinadas justificaba la posición del soberano como "el ungido"; en las internacionales, conseguía integrar a Polonia en el entorno de los países civilizados y así poner freno a la "cristianización de los eslavos" que llevaban a cabo los alemanes. En el año 966 Mieszko recibe el bautismo y a partir de esta fecha Polonia es considerada como un Estado independiente, cristiano y con poder centralizado según el modelo europeo.
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